Gestión afectiva en la Patagonia

Mujer montaña de corazón inquieto, posibilitadora, artista, gestora autónoma.

Revista Ojo de Salvia

Suyai Otaño es quien inicia el fuego cuando se arriman lxs artistas. Hace años dio luz a Manta, un proyecto de residencia para la investigación y el intercambio entre artistas en San Martín de los Andes, que ha logrado convertirse en una de las riquezas culturales más importantes de la Patagonia. Cuando el fuego toma fuerza la magia sucede sola, Suyai con aires de misterio logra seducir la escena y convocar a quienes, sabe, van a mantener esa llama viva.

Manta funciona desde el 2013 en San Martín de los Andes, Neuquén, Argentina. Esta residencia recibe artistas, gestores, docentes, activistas de saberes y lugares diversos, para posibilitar la producción e investigación en torno a los imaginarios creativos. Cada propuesta invita a encontrarse y complotar, explorando nuestras propias ficciones, transitando acciones colectivas y empáticas.

Tal como nuestro contexto mundial actual lo indica, existe una llamada a la acción y al poder casi natural, que posibilita el compartir colectivo. Suyai otorga la clave para traducir el anhelo de llegar a propósitos comunes que hoy movilizan a les artistas, desde un deseo tan fuerte y honesto que permite la desaparición de diferencias para la unión en la creación de nuevos sistemas para ser, hacer, gestionar, reflexionar, aprender. 

Cuando el fuego toma fuerza la magia sucede sola, Suyai con aires de misterio logra seducir la escena y convocar a quienes, sabe, van a mantener esa llama viva.

¿Quién estás siendo?

Estoy siendo pausada. Lenta. Intentando bajarme de la carrera que pareciera suponer el tiempo. Estoy siendo algo que nunca fui y eso es único, pero también es un desafío lleno de preguntas. Intento entregarme al misterio. Intento entregarme a las cotidianidades.

Intento escuchar esas voces que juzgan, critican o sugieren, pero sin darles tanta importancia. Solo están ahí y las dejo que bailen solas.

Siento que debo estar aquí, no en todos lados. Que debo apegarme a algunas cosas, no a todo. Que la única forma de estar siendo es involucrarnos mutuamente una y otra vez, haciendo algo, haciendo esto o aquello.

¿Sentís que la gestión es una necesidad innata del ser artista? ¿Ser gestora nace desde una necesidad o un deseo?

Comencé con el deseo de fundar Manta en el año 2012. Luego de vivir varios años en Córdoba y en Buenos Aires decidí venir a vivir a San Martín de los Andes. En principio era por un tiempo determinado, mi sueño siempre había sido vivir en México, pero finalmente me quedé y estoy aquí hace siete años, la misma cantidad de años que tiene Manta. Lo que me movía era el deseo de seguir estudiando, aprendiendo, intercambiando con otrxs artistas. Me daban ganas de conocer artistas de la zona y, al mismo tiempo, que vengan a visitarme amigxs que había conocido en mis años de estudio. Siempre sentí que aprendía más con lxs artistas colegas que con los profesores, esa fue (y sigue siendo) mi escuela más importante.

Entonces el encuentro fue el disparador del proyecto. Así surgió la idea de empezar haciendo residencias para artistas y otras actividades, donde pudiésemos encontrarnos entre lxs que estábamos acá y lxs visitantes.

¿Qué buscas en el arte? ¿Qué es lo que te importa en este camino que vas creando?

El ser artista y el ser gestora se van mezclando indefectiblemente. Una se mete en la vida de la otra y viceversa. Algunas veces hay peleas y discusiones: “Vos ténes más tiempo que yo, te estás olvidando de mí, sos mejor haciendo esto que aquello, esto te da dinero y lo otro no”. Aunque la mayoría del tiempo se llevan bien y van de la mano.

Las residencias me permiten conocer muchxs artistas y aprender de sus procesos y formas de trabajo y eso se acopla a mi forma de hacer arte. Cuando estoy organizando una residencia no hay forma que no se despierten las ganas de crear, de ponerme a escribir, de aprovechar para hacer algunas fotos, pedirles ayuda para filmar algún video, sentarnos en la sobremesa y compartir nuestra obra.

Lo que más me interesa ahora es no apurarme, pero tampoco quedarme dormida. Siento que soy buena agitando a lxs demás, activando, construyendo. Sin embargo, por momentos olvido que gestionar es solo una parte de mi hacer, como si no quisiera alejarme tanto de ser artista. Luego, siempre termino en la conclusión de que todo es parte de todo. No es tan fácil separar las cosas (y tampoco necesario).

No encuentro una forma más poderosa de construir, experimentar y arriesgar que siendo con otrxs, en un lugar de contención. El arengue de lxs demás activan cosas en nosotrxs que nunca imaginamos, nos ayudan a arriesgar más, a fracasar. Crear en el error.

¿Cómo ves a la región patagónica en este contexto actual, en cuanto a gestión de proyectos y sentido de federalización? 

Desde Manta me parecía importante unirme con artistas de la región. Es por eso que desde el año 2019 traccionamos un colectivo de 13 artistas del sur del país, llamado Fuego en la Torre, un grupo de trabajo que contempla el lugar desde donde se actúa, la Patagonia. Investigamos metodologías innovadoras de producción de obra trabajando de forma colectiva y colaborativa, esto nos ayuda un montón a pensarnos como grupo, idear formas, acciones, juegos, debatir sobre nuestra práctica y pensar qué nos da ganas de hacer y qué no.

En estas últimas semanas empezamos a juntarnos con proyectos y espacios de gestión de toda la Patagonia, ya somos unos 38 proyectos de La Pampa hasta Tierra del Fuego. Lo más interesante es la diversidad de iniciativas. Siempre hay cosas sucediendo. Desde hace tiempo soy parte de la red de gestiones autónomas e independientes de toda Argentina. Ahora lo que me motiva es mirar más hacia el sur, posibilitar intercambios y cruces entre las provincias de esta zona.

 

Pienso que la gestión cultural tiene la posibilidad de transformar el futuro de la cultura, ¿hacia dónde sería interesante hacerla evolucionar?

Quiero verla evolucionar en un living, en un garage, en una cocina de abuela, en un patio de atrás, trepada a un árbol, jugando con un niñx, caminando por el bosque, leyendo poesía en una plaza, yendo a una marcha, viajando a un encuentro, haciendo un seminario por Zoom. Pienso en cosas pequeñas, en reuniones donde entremos todxs bailando.

En estos momentos empecé a gestar un nuevo proyecto que se llama Cuásar, por el elemento más luminoso del universo, y el lugar de acción será una oficina de 2×2. Cierro los ojos e imagino que, desde ahí, como en un agujero negro, todo nace, crece, se mezcla, se crea, muta ¡y explota!

 

Para este año, desde tu gestión en Manta tenías planeadas las residencias, ¿qué modificaciones tuviste que plantear a raíz de la situación excepcional que atravesamos?

Veníamos desarrollando un programa intensivo de residencias y decidí suspenderlas porque no me interesa pasarlas a un formato virtual. Lo que hicimos fue invitar a lxs mismos artistas que estaban invitadxs a las residencias a proponer un seminario online. Esta semana lanzamos el programa Imagen, sospecha y deseo, una propuesta de tres seminarios virtuales que, durante octubre y noviembre de este año, reflexionarán en torno a la imagen. La propuesta arancelada está abierta a interesadxs en general y pueden inscribirse desde la web.

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Autorx

Marina Cisneros

Redactora